
Discutiendo el otro dia con mis compañeros de clase, (es el grupo más inteligente con el que me he encontrado hasta el momento, cosa que agradezco), no llegamos a la conclusión de qué era peor: si la autocensura en los medios de comunicación o los convenios para no sacar malas noticias en la portada sobre alcaldes manirrotos o delincuencia en un municipio que goza de la "mejor fama". No vaya a ser que dejen de pagar una cuota mensual.
Me resulta irónico que el periódico donde ahora mismo estoy haciendo prácticas de becaria (precaria como señala BioMaxi al que tanto admiro), tenga como frase de bandera: "el periódico más serio". Debe de ser serio por que no es gracioso. Con esto no critico, ni el trabajo de los redactores (que son verdaderos ases del periodismo generalista y por tanto tengo mucho que aprender de ellos), ni los métodos que utilizan para tratar la información.
Critico las altas esferas, las corbatas y las camisas de cuadros. Las frases "esto no se puede escribir perdemos el convenio". Qué culpa tenemos los periodistas si la clase de alto copete mete la pata en público o en privado y casualmente nos enteremos (algún dia sabré quién es ese pajarito que va contando todas cositas que el resto quiere esconder). Nuestro deber es informar. Ciaga quien caiga.
Me dí cuenta en el momento en el que ,también, precariamente trabajé en radio que la definición de periodista que me dieron en la universidad no era más que eso, una definición que no se ajusta a la realidad. Ahora me ha quedado claro. Cada día me desencanto más de la prensa generalista y me decanto más a la científica. En principio por el rigor de las informaciones, después por el interés que la ciencia despierta en mi y por último por que me gusta formarme.
No obstante, ha sido entrar en el mundo científico y darme cuenta que está tan vendido como los periódicos de mañana. El embargo en los artículos científicos, la publicidad encubierta de las farmaceúticas que maquillan sus anuncios de falsas expectivas de curación y demás lindezas provocan en mi una insatisfacción plena. Pensaba que la rama científica del periodismo era lo único que quedaba sin corromper en esta farándula mediática. Nada más lejos de la realidad.
Ya que he perdido la confianza en el ser humano, sólo me queda fiarme de mi misma y de mis principios. Como de momento no tengo la posibilidad de hacer valer mi ética y moral por ser el último eslabón en la cadena mediática, no me queda más remedio que, desde la sombra ir pasito a pasito y sin que nadie me oiga cambiar las cosas y desmontar la máquina de dinero en que se ha convertido el periodismo.
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