Transgénicos, ¿a debate?
El maíz modificado genéticamente se ha convertido, esta vez, en la cizaña que ha crecido entre las opiniones de varios países de la Unión Europea. El último en sumarse a la lista de estados anti-trasgénicos, entre los que se encuetran Francia y Austria entre otros, ha sido Alemania. El desconocimiento de la ingeniera genética junto con la poca información que nuestro gobierno nos ofrece conforman un ambiente de preocupación presente por los alimentos transgénicos que está llevando a la sociedad a considerar todo lo transgénico malo o dañino.
Las primeras manifestaciones no se han hecho esperar. Y no es para menos. España es el productor del 75% del maíz transgénico que se consume en la Unión y cada vez se oyen más voces en contra de estas técnicas para supuestamente hacer más resistentes los cultivos o para “erradicar el hambre en el mundo”. Por un lado es cierto que no existen informes sobre los efectos adversos de los alimentos transgénicos, pero por otro tampoco podemos o sabremos constatar cómo afectaran estas modificaciones a largo plazo. Una duda que no muchos países están dispuestos a solventar en las propias carnes de sus ciudadanos.
Desde que la UE autorizó el cultivo, importación y consumo del MON 810 (elnombre del maíz modificado genéticamente) en 1998 (mediante la Directiva 2001/18/CE), los países han podido acogerse "cláusula de salvaguardia", un procedimiento que la ley reserva por el que un país puede alegar nuevos conocimientos científicos sobre riesgos medioambientales o sanitarios para restringir o prohibir provisionalmente en su territorio el uso o la venta de dicho producto.
No es el caso de nuestro país, el cual bien sea por motivos económicos, (Monsanto es la multinacional española que comercia el MON810) o por una pobre gestión del riesgo se ha metido en un jardín aún sin explorar. El principio de precaución por el cual se han regido otros países no ha sido un punto a tener en cuenta para el ejecutivo de Zapatero. Mientras sigue la polémica, los consumidores continuarán nadando en la desinformación y la ignorancia del mar de la ingeniería genética. Donde no hay mata no hay patata y en nuestro caso además, estamos con sequía.
viernes 8 de mayo de 2009
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